Francisco Stevens. 19 años. ¿Me invitas un porro?

“Marley, Kitty: Paz y amor.”

Un chico que shippea Karley y es una jota de corazón.
Nov 29th at 3PM / reblog / 5 notes

I need a hero: ¿Llegada? →

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Marley bajó del autobús que la había dejado a unas cuantas calles del reformatorio. Tomó sus maletas con las manos y caminó con paso lento pero firme hacia su destino, llegando ahí no supo bien qué hacer, ¿debía tocar la puerta o simplemente entrar? Su mamá le había enseñado que era de mala…

Francisco iba caminando sin preocupaciones con sus audífonos colocados cuando a lo lejos vio una figura en el piso, parecía una chica. Se acercó con cautela y la miró, quitándose un auricular. “Hey… ¿Estás bien?”

Apenas estaba levantándose cuando su agujeta se desató y volvió a caer al suelo. Se resignó, quedándose en el piso mientras abrochaba su tennis, fue cuando escuchó la voz de alguien. Volteó hacia arriba y vio a un chico con una mirada de confusión. “Uhm, sí, b-bueno… No.” Suspiró. “S-sólo me caí, estoy bien.”

Guardó su iPod y los audífonos en su bolsillo y después le tendió la mano con una sonrisa. “Eres nueva, ¿uh? Bienvenida a Dalton, extraña. Mi nombre es Francisco Stevens.”

“Sí, creo que podría decirse que soy nueva.” Alzó los hombros, levantándose gracias al apoyo que el chico le había brindado. “Y gracias, mi nombre es Marley, Marley Rose.” Recogió sus maletas y comenzó a caminar a la recepción. “Este lugar es enorme, mi casa apenas y tiene dos pisos.”

“Pues es un gusto, Marley Rose.” Rió y cuando vio la cantidad de cosas que traía no pudo evitar apenarse. “Déjame ayudarte.” Tomó unas de las maletas en sus manos y se colgó una de las bolsas al hombro. “¿Ya tienes el número de tu habitación? Y sí, es enorme.”

Lo acompañó en la risa pero cuando quiso acercarse a ayudarla, quería negarse. “No es necesario, y-yo puedo…” Pero antes de poder decir algo más, Francisco ya llevaba alguna de sus cosas en brazos. Se mordió el labio nerviosa y continuó caminando hasta que llegaron a la recepción. “Uhm… Aún no, es lo que me d-darán ahora.” 

Llegaron a la recepción y tocó la campanilla dos veces, dejando a la vista a la señora que atendía el puesto. “Una chica nueva, Marley Rose.” La vieja emitió un gruñido y se puso a teclear en la máquina, le dio poca importancia y volteó para continuar hablando. “¿Cuántos años tienes?”

Le alivió muchísimo que Francisco fuera quien hablara ya que seguramente ella terminaría tartamudeando y nada se comprendería bien. “Tengo 17. ¿Y tú?” Antes de que el chico pudiera contestarle, la señora le entregó una llave grabada con el número 3. “Habitación tres.” Repitió en voz alta mientras comenzaba a caminar, aunque pronto se dio cuenta de que no sabía a dónde iba. “Uhm… ¿T-te import-taría decirme d-dónde están las habitaciones?”

“Aún eres joven.” Sonrió de medio labio antes de responder. “Yo tengo 19.” Caminó con ella, a unos cuantos pasos de distancia antes de mirarla con ternura. “Tranquila, yo te digo en dónde es, te tocó un número bastante menor, yo tengo la 307” Rió adentrándose en los pasillos de Dalton.

“E-eso creo… No soy legal aún.” Hizo una mueca sin detenerse, siguiendo al chico por los pasillos vacíos. “Creí que había más gente aquí… Todo se ve desierto…” Miró hacia la derecha y luego a la izquierda, no había ni un alma, cosa que le ocasionó escalofríos. “¿Tienes la 307? Vaya está algo lejos.” Sonrió.

“¿Y haces cosa de chicas legales?” Le guiñó el ojo antes de detenerse frente a la puerta con el número 3. “Hemos llegado. Y yo también creía que había más gente, pero últimamente todos andan desaparecidos o algo así.” 

“¿Cosas de chicas legales? ¿Cómo qué?” Preguntó alzando la ceja, sin saber a qué se refería Francisco. Se detuvo dándole gracias a Dios, poniendo la llave en la cerradura, abrió y con asombro tiró sus cosas al suelo. “¡Dios! ¡Es mucho más grande que mi recámara! Es aún más grande que toda la planta baja de mi casa…” Dijo en un susurro.

"Uhm… No lo sé… ¿Beber? ¿Fumar?" Sonrió y dejó las cosas que él cargaba dentro de la habitación, fascinado por cómo Marley veía todo. "Las primeras son siempre las más lujosas. Te dejaré para que te instales, pero hey." Sacó un papel de su pantalón y apuntó su celular. "Este es mi número, así que cualquier cosa, llámame. Buenas noches." 

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Marley bajó del autobús que la había dejado a unas cuantas calles del reformatorio. Tomó sus maletas con las manos y caminó con paso lento pero firme hacia su destino, llegando ahí no supo bien qué hacer, ¿debía tocar la puerta o simplemente entrar? Su mamá le había enseñado que era de mala…

Francisco iba caminando sin preocupaciones con sus audífonos colocados cuando a lo lejos vio una figura en el piso, parecía una chica. Se acercó con cautela y la miró, quitándose un auricular. “Hey… ¿Estás bien?”

Apenas estaba levantándose cuando su agujeta se desató y volvió a caer al suelo. Se resignó, quedándose en el piso mientras abrochaba su tennis, fue cuando escuchó la voz de alguien. Volteó hacia arriba y vio a un chico con una mirada de confusión. “Uhm, sí, b-bueno… No.” Suspiró. “S-sólo me caí, estoy bien.”

Guardó su iPod y los audífonos en su bolsillo y después le tendió la mano con una sonrisa. “Eres nueva, ¿uh? Bienvenida a Dalton, extraña. Mi nombre es Francisco Stevens.”

“Sí, creo que podría decirse que soy nueva.” Alzó los hombros, levantándose gracias al apoyo que el chico le había brindado. “Y gracias, mi nombre es Marley, Marley Rose.” Recogió sus maletas y comenzó a caminar a la recepción. “Este lugar es enorme, mi casa apenas y tiene dos pisos.”

“Pues es un gusto, Marley Rose.” Rió y cuando vio la cantidad de cosas que traía no pudo evitar apenarse. “Déjame ayudarte.” Tomó unas de las maletas en sus manos y se colgó una de las bolsas al hombro. “¿Ya tienes el número de tu habitación? Y sí, es enorme.”

Lo acompañó en la risa pero cuando quiso acercarse a ayudarla, quería negarse. “No es necesario, y-yo puedo…” Pero antes de poder decir algo más, Francisco ya llevaba alguna de sus cosas en brazos. Se mordió el labio nerviosa y continuó caminando hasta que llegaron a la recepción. “Uhm… Aún no, es lo que me d-darán ahora.” 

Llegaron a la recepción y tocó la campanilla dos veces, dejando a la vista a la señora que atendía el puesto. “Una chica nueva, Marley Rose.” La vieja emitió un gruñido y se puso a teclear en la máquina, le dio poca importancia y volteó para continuar hablando. “¿Cuántos años tienes?”

Le alivió muchísimo que Francisco fuera quien hablara ya que seguramente ella terminaría tartamudeando y nada se comprendería bien. “Tengo 17. ¿Y tú?” Antes de que el chico pudiera contestarle, la señora le entregó una llave grabada con el número 3. “Habitación tres.” Repitió en voz alta mientras comenzaba a caminar, aunque pronto se dio cuenta de que no sabía a dónde iba. “Uhm… ¿T-te import-taría decirme d-dónde están las habitaciones?”

“Aún eres joven.” Sonrió de medio labio antes de responder. “Yo tengo 19.” Caminó con ella, a unos cuantos pasos de distancia antes de mirarla con ternura. “Tranquila, yo te digo en dónde es, te tocó un número bastante menor, yo tengo la 307” Rió adentrándose en los pasillos de Dalton.

“E-eso creo… No soy legal aún.” Hizo una mueca sin detenerse, siguiendo al chico por los pasillos vacíos. “Creí que había más gente aquí… Todo se ve desierto…” Miró hacia la derecha y luego a la izquierda, no había ni un alma, cosa que le ocasionó escalofríos. “¿Tienes la 307? Vaya está algo lejos.” Sonrió.

"¿Y haces cosa de chicas legales?" Le guiñó el ojo antes de detenerse frente a la puerta con el número 3. "Hemos llegado. Y yo también creía que había más gente, pero últimamente todos andan desaparecidos o algo así." 

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Francisco iba caminando sin preocupaciones con sus audífonos colocados cuando a lo lejos vio una figura en el piso, parecía una chica. Se acercó con cautela y la miró, quitándose un auricular. “Hey… ¿Estás bien?”

Apenas estaba levantándose cuando su agujeta se desató y volvió a caer al suelo. Se resignó, quedándose en el piso mientras abrochaba su tennis, fue cuando escuchó la voz de alguien. Volteó hacia arriba y vio a un chico con una mirada de confusión. “Uhm, sí, b-bueno… No.” Suspiró. “S-sólo me caí, estoy bien.”

Guardó su iPod y los audífonos en su bolsillo y después le tendió la mano con una sonrisa. “Eres nueva, ¿uh? Bienvenida a Dalton, extraña. Mi nombre es Francisco Stevens.”

“Sí, creo que podría decirse que soy nueva.” Alzó los hombros, levantándose gracias al apoyo que el chico le había brindado. “Y gracias, mi nombre es Marley, Marley Rose.” Recogió sus maletas y comenzó a caminar a la recepción. “Este lugar es enorme, mi casa apenas y tiene dos pisos.”

“Pues es un gusto, Marley Rose.” Rió y cuando vio la cantidad de cosas que traía no pudo evitar apenarse. “Déjame ayudarte.” Tomó unas de las maletas en sus manos y se colgó una de las bolsas al hombro. “¿Ya tienes el número de tu habitación? Y sí, es enorme.”

Lo acompañó en la risa pero cuando quiso acercarse a ayudarla, quería negarse. “No es necesario, y-yo puedo…” Pero antes de poder decir algo más, Francisco ya llevaba alguna de sus cosas en brazos. Se mordió el labio nerviosa y continuó caminando hasta que llegaron a la recepción. “Uhm… Aún no, es lo que me d-darán ahora.” 

Llegaron a la recepción y tocó la campanilla dos veces, dejando a la vista a la señora que atendía el puesto. “Una chica nueva, Marley Rose.” La vieja emitió un gruñido y se puso a teclear en la máquina, le dio poca importancia y volteó para continuar hablando. “¿Cuántos años tienes?”

Le alivió muchísimo que Francisco fuera quien hablara ya que seguramente ella terminaría tartamudeando y nada se comprendería bien. “Tengo 17. ¿Y tú?” Antes de que el chico pudiera contestarle, la señora le entregó una llave grabada con el número 3. “Habitación tres.” Repitió en voz alta mientras comenzaba a caminar, aunque pronto se dio cuenta de que no sabía a dónde iba. “Uhm… ¿T-te import-taría decirme d-dónde están las habitaciones?”

"Aún eres joven." Sonrió de medio labio antes de responder. "Yo tengo 19." Caminó con ella, a unos cuantos pasos de distancia antes de mirarla con ternura. "Tranquila, yo te digo en dónde es, te tocó un número bastante menor, yo tengo la 307" Rió adentrándose en los pasillos de Dalton.

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Francisco iba caminando sin preocupaciones con sus audífonos colocados cuando a lo lejos vio una figura en el piso, parecía una chica. Se acercó con cautela y la miró, quitándose un auricular. “Hey… ¿Estás bien?”

Apenas estaba levantándose cuando su agujeta se desató y volvió a caer al suelo. Se resignó, quedándose en el piso mientras abrochaba su tennis, fue cuando escuchó la voz de alguien. Volteó hacia arriba y vio a un chico con una mirada de confusión. “Uhm, sí, b-bueno… No.” Suspiró. “S-sólo me caí, estoy bien.”

Guardó su iPod y los audífonos en su bolsillo y después le tendió la mano con una sonrisa. “Eres nueva, ¿uh? Bienvenida a Dalton, extraña. Mi nombre es Francisco Stevens.”

“Sí, creo que podría decirse que soy nueva.” Alzó los hombros, levantándose gracias al apoyo que el chico le había brindado. “Y gracias, mi nombre es Marley, Marley Rose.” Recogió sus maletas y comenzó a caminar a la recepción. “Este lugar es enorme, mi casa apenas y tiene dos pisos.”

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Francisco iba caminando sin preocupaciones con sus audífonos colocados cuando a lo lejos vio una figura en el piso, parecía una chica. Se acercó con cautela y la miró, quitándose un auricular. “Hey… ¿Estás bien?”

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“Sí, creo que podría decirse que soy nueva.” Alzó los hombros, levantándose gracias al apoyo que el chico le había brindado. “Y gracias, mi nombre es Marley, Marley Rose.” Recogió sus maletas y comenzó a caminar a la recepción. “Este lugar es enorme, mi casa apenas y tiene dos pisos.”

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Francisco iba caminando sin preocupaciones con sus audífonos colocados cuando a lo lejos vio una figura en el piso, parecía una chica. Se acercó con cautela y la miró, quitándose un auricular. “Hey… ¿Estás bien?”

“He de confesar que no tengo ni puta idea de lo que pasa… Pero ya deberían unirse más mujeres e_e”

Sorry, I’m not sorry.
Nov 21st at 10PM / reblog / 1 note

“Todos aquí son unos pervertidos.”

La chica que hacía de Brittany me manda a decirles eso, sin más. Buenas noches.